lunes, 8 de diciembre de 2014

Mi abuela

Mi abuela, en su juventud, dicen que fue una mujer alta y esbelta. Tal como yo la conocí era una mujer pequeña, menuda, curtida por los años y los embistes de la vida. Pero conservaba, a pesar de ello, una energía y vitalidad envidiables. Sus ojos, hundidos, dejaban adivinar una historia de lucha y trabajo continuos, un no parar para sacar adelante a su familia. Huérfana desde muy niña, tuvo que hacerse cargo de sus dos hermanas menores, todo un ejemplo de fortaleza y bondad.

Vamos a buscarla a la estación. Viene en el tren cargada del pueblo con bolsos llenos de esas naranjas mandarinas que tanto nos gustaban, aceite de oliva y otros enseres. No quiere que nos falte de nada. Cuando viene la abuela todo es algarabía. La casa con ella es más alegre. Cuando me lleva por la mañana al colegio, me levanta muy temprano. Le gusta ser la primera en llegar a la parada donde un autobús nos recogerá a mi y a otras compañeras.

Otras veces soy yo quien va al pueblo. Está esperándome allí, en la estación, vestida de negro riguroso, con el pelo blanco y una sonrisa afable. Su piel morena, quemada por el sol, parece acartonada. Me gusta acariciarle el rostro y sentir sus arruguitas... ella me deja.

El balcón de la casa de mi abuela es la envidia de todo el pueblo. Está lleno de flores; geranios claveles, violetas... Su flor favorita es la rosa color butano.

Por la tarde vamos a coger moras que luego lavamos y comemos. Y otras veces cogemos caracoles para después cocinarlos. A la abuela no le gustan, le provocan rechazo esos moluscos babosos, pero los prepara con esmero para mí.

A la abuela le encanta preparar la merienda para el tito. Echa un bocadillo y un termo de té caliente en su bolso de mimbre, me coge de la mano y nos vamos a buscar al tito al campo, donde está faenando desde muy temprano. El camino hasta llegar a la huerta me parece precioso. Pasamos por un viejo puente que atraviesa el río del pueblo, y entonces ella me cuenta que en ese río lavó la ropa durante muchos años. Me quedo contemplándolo, y envuelta en el sonido del agua, el croar de las ranas y el canto de los pájaros, intento imaginar a mi abuelita de joven frotando la ropa sobre aquellas piedras mientras tarareaba alguna coplilla...

Últimamente la abuela está cambiando... Cada vez se le olvidan más cosas. No sabe dónde dejó las llaves, ni dónde tiene el bolso, y otras veces olvida mi nombre.

Han pasado los años y he dejado de ser una niña... Me produce tristeza que mi abuela no sepa cómo me llamo. Ya no puedo hablar con ella porque apenas entiende lo que le digo y su vocabulario es cada vez más escaso. El alzheimer se ha cebado con ella, le ha vaciado el cerebro de palabras y recuerdos. Ya no habla, ni siquiera sabe quien soy...

Los años que lleva postrada en la cama han cambiado el color de su piel y el intenso moreno de antaño se ha convertido ahora en un blanco pálido. Le sigo acariciando el rostro igual que hacía cuando era niña, ella me deja... Le cojo de la mano y se la acaricio envuelta en una inmensa ternura mientras le miro recordando algunos momentos de mi infancia junto a ella. Entonces, como si supiera lo que estoy pensando, una lágrima brota de sus ojos y cae por sus mejillas... la misma lágrima que me hace llorar a mí.

Ha llegado el temido día... No quiero verla. Prefiero quedarme con los recuerdos de la infancia, con su risa, su alegría y su vitalidad. Con los años en los que sí sabía mi nombre y quién era. Con las naranjas mandarinas, los caracoles, con el río y el blanco de su pelo. Me quedo con la fragancia de las flores de su balcón, y con la imagen de su pequeña figura esperándome en la vieja estación. Con las noches de verano sentada al fresco en la puerta de casa, con el pueblo y con el campo que tanto amaba.

Yo la quería, aunque no sé si llegué a decírselo a tiempo...





lunes, 1 de diciembre de 2014

EL POR QUÉ DE ESTE BLOG

La era de las redes sociales

Buenas noches:

Quiero empezar la primera entrada de este blog reconociendo que, hasta hace relativamente poco, siempre me había mostrado bastante reacia a las redes sociales. Tuenti, facebook, twitter, blog... todos estos formatos se me antojaban complicados e incluso inservibles. Sin embargo, la era de las redes sociales ha terminado seduciéndome al igual que a millones de personas y, ahora, no sólo me doy cuenta de lo útiles que resultan en un mundo globalizado como este en el que vivimos sino que también disfruto de ellas.

A través de facebook, por ejemplo, puedo conocer a personas de cualquier punto del planeta e intercambiar información. ¿Acaso no es increíble poder hablar con personas de otro continente de las que nos separan miles y miles de kilómetros? Está claro que de no ser por la red esto no sería posible. Ya sé lo que estaréis pensando: <<¿ahora se da cuenta?>>. Pues sí, ahora es cuando empiezo a ser consciente de las enormes posibilidades que nos ofrecen las redes sociales y, como dice el refrán, más vale tarde que nunca.

En cuanto a twitter, me gusta por esa inmediatez que te permite dar a conocer a tus seguidores aquello que te apetezca contar exactamente en el mismo momento en el que lanzas la información, es decir, en el mismo momento en el que está ocurriendo un acontecimiento determinado. Por cierto, mi cuenta en twitter es @Mercedes_Rios, sígueme y estaré encantada de interactuar contigo.

Hasta ahora, aunque desde hace poco, tenía facebook y twitter... ¡pero me faltaba un blog! Animada por mis amigos me planteé crear uno, ahora bien ¿con qué fin? ¿qué escribir en este blog..? ¿cómo utilizarlo? En un primer momento pensé que podría ser una herramienta más para estar en contacto con aquellas personas a las que les gusta mi música, de manera que pudiera compartir con ellos (con vosotros) todo lo referente a mi trabajo. Sin embargo... ¿por qué limitarme..? Creo que lo mejor será escribir, sencillamente, acerca de todo aquello sobre lo que me apetezca hablar. Desde un pueblo o ciudad que haya visitado y crea que merezca la pena que conozcáis, hasta un libro que me guste y quiera recomendar.

En cuanto a los tiempos, no prometo nada. No me propongo escribir una entrada todos los días, ni todas las semanas o sólo una vez al mes. Es mucho más simple: escribiré cuando me apetezca hacerlo, cuando crea que tengo algo que decir, cuando quiera contar algo. Ni siquiera entra en mis propósitos acumular muchos seguidores, no me lo planteo. Sólo quiero que sea un espacio en el que dar rienda suelta a mi gusto por la escritura y si alguien quiere leerme... ¡bienvenido a mi blog!

Un beso y dulces sueños,

Mercedes Ríos.